Es un tiempo para enseñar habilidades que habíamos dejado en el olvido

Desánimo, retrocesos cognitivos, miedo, angustia, trastornos del sueño, irascibilidad, desmotivación, desinterés, incomunicación, baja sociabilización… apenas algunas de las muchas consecuencias que se indican como efectos de la pandemia en los más chicos. Ha sido un año desafiante el que pasó, y ahora aumenta el desafío.

“Hemos tenido que desaprender para volver a aprender”.

Así comienza la charla con Carina Castro Fumero, neuropsicóloga pediátrica, especialista en la relación entre el cerebro y el comportamiento humano.


“El cerebro esta constante e inconscientemente descifrando 3 aspectos: duración, camino y resultado –sigue-. Ha pasado todo más de un año haciéndolo: ¿Cuánto tiempo durará esta situación? ¿Cómo será el resultado final?”


- Estuvimos todo el año pasado “recalculando”…

- Sí, y esto requiere un gran consumo calórico que nos deja agotados, con pocos recursos para aprender y para seguir adaptándonos. Ese es el lado oscuro de la Luna. También lo podemos analizar como un año en que hemos ejercido en la resiliencia, la capacidad de adaptarnos y la tolerancia a la frustración. Estamos viviendo una oportunidad única para enseñar habilidades. Los cambios en nuestros hijos pueden ser positivos o negativos, y esto depende del ambiente en el que vivieron, del ejemplo que tuvieron y del acompañamiento que les dimos.


- ¿Qué diferencias pueden haberse registrado entre encierros intermitentes y otros de larga duración?

- Los seres humanos tenemos un cerebro social. Se desarrolla desde el nacimiento en continua interacción con otros cerebros.  Los niños desde que nacen necesitan socializar con su entorno, con las personas que los rodean y es llegando a los tres años que se empiezan a interesar por pares. Cuando son más grandes, las interacciones para aprender son indispensables. En la adolescencia se da la mayor necesidad de compartir con amigos. Sin embargo, las diferencias más potentes han sido ambientales.


- ¿El mundo construido por los adultos?

- Así es. Hay padres que han hecho de esta experiencia una oportunidad para compartir más con sus hijos, que han buscado maneras divertidas y creativas de interactuar y de mantener esa necesidad satisfecha dentro de las limitaciones existentes. Pero también ha habido los que no han podido, que han vivido pleitos, gritos, estrés y niños conectados a las pantallas todo el día, en donde el resultado son niños más afectados emocionalmente. En estado de alerta, estresado, un cerebro no aprende. Este no es un tiempo de “atiborrar” contenido académico, en un momento sin precedentes, en el que todos estamos haciendo lo mejor que podemos, es un tiempo para enseñar otras habilidades que habíamos dejado en el olvido.


- ¿Qué recursos podemos aplicar para apuntalar el ánimo de los niños?

- Su estabilidad depende del grado de satisfacción correcta y oportuna de las necesidades básicas. Aspectos a los que restamos importancia: cantidad y calidad de sueño, alimentación balanceada, actividad física, sentirse en un hogar que brinde seguridad y protección, el juego, dinámicas de amor y apego seguro y vivir en un entorno de límites que aseguren su óptimo desarrollo, dentro de ellos el uso medido de las pantallas. Si no es así el cerebro responderá irritable, agresivo, desafiante, apático…


- ¿Y cómo podemos sumar en función de lo que han perdido en este tiempo?

- Nos debemos enfocar en dos aristas: la académica y la personal. En ésta, el aporte adulto es justamente volver nuestros ojos a la salud mental y hacer de ella un pilar en casa. En cuanto a lo académico, muchos lo están viviendo como un año de perdida, se ha disminuido el contenido, se han modificado objetivos y muchos niños ni siquiera han tenido acceso a la virtualidad. Pero ese no es un trabajo de los padres, para eso están las escuelas, los docentes y los gobiernos. Soy enfática en que debemos asegurarnos de que el cerebro de nuestro hijo este fuerte, listo y motivado para que al volver a clases cuente con las herramientas necesarias para incorporar los contenidos de la manera más rápida y ágil.





- ¿Cómo ayudarlos a enfrentar la incertidumbre?

- La realidad esta llena de incertidumbres. Esta es una gran oportunidad para dotar a nuestros niños de una cerebro fuerte, habilidades emocionales y actitudes flexibles que les permitan adaptarse a las adversidades que se le presenten en la vida entera. Capacidad para resolver problemas, para renunciar a lo que así lo merezca, para afrontar imprevistos y salir de ellos de la mejor manera posible. Nuestros hijos deben ver en nosotros un referente, una persona que acepta lo nuevo y diferente, que tolera los cambios, que responde a ellos de manera positiva y creativa. Que vean en nosotros una sed de aprender, a aprender sin olvidar que también es importante que nos vean experimentando los sentimientos difíciles, pero que nos vean afrontarlos y salir de ellos. Los niños aprenden a través de observación y la imitación y por eso esta es la mejor forma de enseñarlo. Debemos tener presente que únicamente podremos enfrentar esta y cualquier incertidumbre de la vida con un cerebro fuerte y sano.


https://www.clarin.com/opinion/carina-castro-fumero-tiempo-ensenar-habilidades-dejado-olvido-_0_rKEKaFtIA.html

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