“Antes me escuchaba”: qué cambia en el cerebro cuando crecen
- Carina Castro Fumero
- 2 days ago
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Hay un momento en la crianza que descoloca a muchos padres. Un día sentís que tu hijo te escucha, te busca, confía en tu palabra. Y, sin previo aviso, algo cambia. Lo que decís parece no llegar. Respondés y hay silencio, ojos que se van a otro lado, o una frase que duele más de lo esperado: “no entendés”.
La frustración es real. Y muchas veces se vive como una desconexión personal.
Desde la neurociencia, esto no habla de falta de vínculo ni de “rebeldía” sin sentido. Habla de cambios profundos en el cerebro. Durante la preadolescencia, el cerebro entra en una etapa de reorganización intensa. El sistema límbico, encargado de las emociones y la pertenencia, se vuelve especialmente sensible. Al mismo tiempo, la corteza prefrontal, que ayuda a regular impulsos, evaluar consecuencias y escuchar puntos de vista distintos, todavía está en construcción.
En este contexto, la voz de los pares empieza a pesar más que la de los padres. No porque los adultos dejen de ser importantes, sino porque el cerebro está entrenándose para salir al mundo. La validación externa, el grupo y la mirada de otros chicos activan con más fuerza los circuitos emocionales. Para nosotros, como adultos, eso puede sentirse como rechazo. Para el cerebro adolescente, es un proceso de adaptación.
Entender esto no elimina la frustración, pero sí la resignifica. No se trata de insistir más fuerte, ni de hablar todo el tiempo. A muchos padres les sirve elegir los momentos: no conversar temas importantes cuando el cerebro está activado o desbordado, sino buscar climas de calma, conexión y seguridad. También elegir qué temas y cómo decirlos. A veces, menos palabras y más presencia generan más impacto que una explicación larga.
No es que dejaron de escucharte. Es que su cerebro está aprendiendo a escuchar desde otro lugar. Y acompañar ese proceso, aunque incomode, sigue siendo una de las formas más profundas de vínculo
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